El equipo de Entrevistes per la República entrevistó al exconseller Felip Puig. En el Gobierno de Cataluña fue consejero de Medio Ambiente (1999-2001), de Política Territorial y Obras Públicas (2001-2003), de Interior (2010-2012) y de Empresa y Empleo (2.012-2016).

GUILLEM VALLS (@Guillem_Valls_): Usted ha sido conseller durante muchos años, secretario general de Convergència… pero ¿Felip Puig ha sido siempre independentista?

FELIP PUIG GODES: Mi punto de inflexión es mucho más pretérito que el de los independentistas más recientes, no la nueva hornada generacional, que esta es lógica, sino de gente que ha ido mutando a lo largo del tiempo. Yo por motivos familiares, de escuela, de entorno, de amistades… tengo recuerdo a partir de los 12 o 13 años cuando conocí a Jordi Pujol y su familia, también conocí a gente que estaba comprometido con la política antes de la transición democrática. Fui escolta (Boy Scout), que en los años 70 era un movimiento claramente catalanista en pseudoclandestinidad. En la escuela, Costa i Llobera, hacíamos Formación del Espíritu Nacional, pero ya estudiábamos en catalán. Recuerdo que en casa me compraba posters de Macià, de Tarradellas, y de todo lo que era la tradición política catalana. Todo esto me llevó a correr delante de los grises, a participar en el primer 11 de septiembre en Sant Boi el año 1976, y en el 11 de septiembre del millón de Segadors del 77 en el Passeig de Gràcia, y de todos los 11 de septiembre restantes. Recordando a mi abuelo por parte de madre, era más bien republicano, y se llamaba Godes Hurtado. Era primo de Manel Hurtado, un ministro catalán a las órdenes de la República; mi abuelo paterno también estaba vinculado a al Lliga Catalanista, y fue uno de los damnificados por toda la revolución izquierdosa de los años 30 que fueron al exilio. Mi padre, de muy pequeño, se pasó nueve años en la Francia ocupada, y no pudo volver hasta que cayó el régimen de Vichy.

Por lo tanto, ha sido un posicionamiento natural. De joven interpreté que Convergència Democràtica era una fuerza, nueva en ese momento, que enlazaba con las aspiraciones de una generación, y me hice militante el año 76, cuando todavía no había cumplido los 17 años. Era una aproximación tranquila y pausada al nacionalismo catalán y al independentismo. Convergència se fundó el año 74 en Montserrat, a escondidas, fingiendo que era un encuentro de barcelonistas. Se fundó un partido político de distintas aproximaciones ideológicas que ya recogía, en sus propósitos fundacionales, convertir Cataluña en un país normal del mundo y, por lo tanto, ir trabajando para conseguir unas estructuras de estado y una posición de país libre. Más tarde resultó que dentro de Convergència era el independentista más radical, y después, más recientemente, me pasó como a Bambi que cuando se declaró el incendio vi muchos moderados que me adelantaban corriendo. No entendía por qué se ponían a correr más de la cuenta, cosa que lamentablemente creo que es lo que ha pasado. No se pude avanzar tan deprisa cuando no tienes una mayoría social amplia para conseguir tus propósitos. En definitiva, creo que he sido independentista siempre y lo sigo siendo, aunque no creo en la forma en que en estos momentos algunos quieren conseguir la independencia.

“He sido independentista siempre y lo sigo siendo, aunque no creo en la forma en que en estos momentos algunos quieren conseguir la independencia.”    

“No se pude avanzar tan deprisa cuando no tienes una mayoría social amplia para conseguir tus propósitos.”

ALDO FREDIANI (@AldoFrediani): El año 2010 hizo unas declaraciones en las que decía que Cataluña podría convertirse un país si era capaz de construir mayorías políticas y sociales, de encontrar su propio espacio político y entender que hay que avanzar más hacia Bruselas y Europa, no hacía Madrid y España. Ese mismo año aseguró que una consulta por la independencia llevaría el país a una derrota. En un artículo en El Nacional, mucho más reciente, afirmó que no teníamos suficientes soldados y que no se plantean las batallas cuando estás seguro de no ganar. ¿Para qué sirvió el 1 de octubre? ¿Se tenía que haber celebrado o se calculó mal el equilibrio de fuerzas? ¿Cree que hemos perdido?

FP: El año 2010, desde Convergència me tocó hacer el discurso la víspera del 11 de septiembre, en el Fossar de les Moreres. Creo que después de Jordi Pujol soy el dirigente que más intervenciones he hecho en el Fossar de les Moreres las vísperas del 11 de septiembre. Recuerdo que esa noche situé el 2010 en una dicotomía. Veníamos de la manifestación de julio como consecuencia de la sentencia del Tribunal Constitucional que despedazó el Estatut, que ya venía autolimitado por el debate en el Parlament y, finalmente, también por el acuerdo del Congreso. A pesar de todo, había una sentencia que dejaba sin efecto el humilde y tímido avance que conseguíamos con el nuevo Estatut. Esa noche de antorchas en el Fossar, el titular que sacaron fue que más adelante, tarde o temprano, Cataluña debería decidir entre la decadencia o la independencia. Es evidente que rima, pero en el fondo había una perspectiva que decía que nos estaban limitando nuestro marco de actuación.

Siempre habíamos querido pactar con el Estado español. Ahora que se critica tanto el diálogo político del “peix al cove” y la “puta y la Ramoneta”, creo que con la sociedad española y el Estado español, como está configurado desde hace más de 500 años, y teniendo en cuenta la debilidad de la cohesión interna de Cataluña que no llega al 60 o 70% de mayoría social a favor de la independencia, sigo pensando que no había otro margen de maniobra que el conseguido durante 20 o 25 años, actuando primero con la UCD, con la LOAPA del PSOE, y también con el Partido Popular y la derecha española, que accedió por primera vez en democracia después de haberla tenido muchos años en dictadura.

Por lo tanto, yo creía que la forma de avanzar del país era progresiva, tranquila, como la expresión del president Pujol “tenemos que avanzar antes de que el Báltico se congele”. Es decir, aprovechando las coyunturas para ir consiguiendo la derogación de la mili a cambio de pactar con un gobierno de derechas, recuperando los Mossos d’Esquadra, la gestión de los puertos… En definitiva, un aumento progresivo de estructuras de estado propias, pero sin conseguir la independencia a corto plazo. Creo que hoy de nuevo mucha gente admira que el País Vasco tenga independencia fiscal y financiera y piensa que, si en algún momento la hubiéramos conseguido, seguramente tendríamos más paz, y no el momento de excitación actual que todavía estamos avivando.

“Creo que hoy de nuevo mucha gente admira que el País Vasco tenga independencia fiscal y financiera y piensa que, si en algún momento la hubiéramos conseguido, seguramente tendríamos más paz, y no el momento de excitación actual que todavía estamos avivando.”

 Por lo tanto, en 2010 se produce un antes y un después. Convergència llega al poder coincidiendo con la grave crisis económica que nos obliga a practicar, sin entusiasmo, recortes y ajustes necesarios para salvar las finanzas del país, aunque bajo mi punto de vista, alguna vez algunos discursos del Govern generaban una visión demasiado liberal. Se produce una triple confluencia: la mayoría catalanista del país dice que no hay futuro a corto plazo en España, es decir, crisis institucional; el retorno de un gobierno de CiU después de la época del tripartit y, por último, la situación de una crisis económica muy importante.

Se empiezan a orientar razonablemente bien las cosas hasta que llega una segunda manifestación, la de 2012. Según mi humilde entendimiento, es cuando se empiezan a tomar algunas decisiones que creo erróneas. A corto plazo, y visto con perspectiva, convocar elecciones a media legislatura gestionando una crisis gravísima fue un error. Perdimos diputados. En el intento de surfear el movimiento independentista de una forma tan radical nos encontramos, por un lado, en la agenda política de la CUP y, por otro, en la agenda de las entidades sociales, muy respetables, pero que democráticamente no tienen la legitimidad de la representatividad política. Creo que eso de confiar la agenda política en una fuerza ideológica absolutamente radical y diferente de la mayoría central del país identificada con CiU, y el papel del liderazgo político-institucional en manos de las entidades sociales, fueron varios de los errores que cometimos en ese momento, y me parece que el resultado de las elecciones lo constata.

“A corto plazo, convocar elecciones a media legislatura gestionando una crisis fue un error. Perdimos diputados. En el intento de surfear el movimiento independentista de una forma tan radical nos encontramos, por un lado, en la agenda política de la CUP y, por otro, en la agenda de las entidades sociales, muy respetables, pero que democráticamente no tienen la legitimidad de la representatividad política.” 

El 1 de octubre fue un ejercicio de participación encomiable, heroico en algunos casos, por la voluntad de represión de un Estado nefasto que no tiene futuro y no ofrece futuro para Cataluña, pero también fue insuficiente. El nivel de participación en el referéndum o el resultado de las fuerzas independentistas en las elecciones de 2015 y de 2017 lo constatan. Con un 47,5% a favor de las fuerzas supuestamente independentistas no se gana la independencia. Y no es ciencia infundida. Habíamos recibido muchas veces a representantes del Quebec. La lección que siempre nos habían trasladado, y lamento que algunos de nuestros compañeros no la explicaran bien, era de no convocar un referéndum si no teníamos las garantías de ganarlo sobradamente. Un empate es una derrota. En un estado como España, que es evidente que no es como el canadiense sino más parecido a Yugoslavia u otros más centralistas, con un empate rompes el país por la mitad, pierdes delante de España y no ganas legitimidad en Europa. No ganamos en ninguna de las partidas de ajedrez que intentamos jugar y si, además, resulta que perdemos la mayoría política y rompemos la confianza de una parte del país en una fuerza central y moderada como CiU o el PDeCAT, creo que no salimos ganando en ninguno de los cinco escenarios.

“El 1 de octubre fue un ejercicio de participación encomiable, heroico en algunos casos, por la voluntad de represión de un Estado nefasto que no tiene futuro y no ofrece futuro para Cataluña, pero también fue insuficiente.”

“Con un 47,5% a favor de las fuerzas supuestamente independentistas no se gana la independencia.”

“Con un empate rompes el país por la mitad, pierdes delante de España y no ganas legitimidad en Europa.”

Cuando llegó a ser conceller por primera vez en el año 1999 ¿pensaba que el proceso independentista podía acelerarse tan rápidamente?

FP: Sinceramente no. Yo veía, tanto en el president Pujol como en la transición que estábamos empezando a construir con Artur Mas, la evolución de un partido que había identificado el escenario en el que nos teníamos que mover para intentar avanzar hacia un escenario más federal, confederal, para avanzar tranquilamente hacia unos planteamientos más soberanistas. No veía que acabáramos abrazando el independentismo de una forma tan acelerada. En el año 99 no veía que este escenario se precipitara tan deprisa, aunque como secretario de la organización me correspondía ir preparando las nuevas generaciones de políticos, algunos de los cuales están hoy en la cárcel o en el gobierno con fuertes convicciones nacionalistas. Pero entre 1999 y 2010 van diez años y todo se ha precipitado mucho. No preveía que nos planteáramos un discurso a favor del derecho a decidir y un independentismo tan radical.

¿Qué opinión le merece el Consell de la República?

FP: Creo que es un instrumento que puede permitir que mantengamos la esperanza de recuperar a nuestros políticos en el exilio o en la cárcel. Permite construir una plataforma de discurso, tanto de proyección interna como internacional, sobre la situación anómala que vive Cataluña porque, más allá de que hayamos podido cometer errores, es evidente que España es un país en regresión en términos de calidad democrática. No es una idea mía per me gusta recordarla: Alemania es hija de la revolución del protestantismo y del romanticismo; Inglaterra es hija de la Revolución Industrial; Francia de la Revolución Francesa y de todos los valores civiles y republicanos… todos los grandes países europeos tienen un movimiento que rompe con el pasado y se proyecta hacia la modernidad. España, por su parte, en vez de una revolución modernizadora vivirá la Contrarreforma y la Inquisición y, finalmente, se convertirá en un estado que todavía se manifiesta hoy en día de baja calidad democrática. Y es este entorno y este escenario el que ha terminado provocando toda esta situación.

Entiendo, por lo tanto, que la prioridad tiene que ser la de recuperar a nuestros políticos encarcelados o en el exilio, intentando establecer una cierta estabilidad política e institucional que hoy no tenemos. Y después, replantear todas las piezas del tablero, pues será necesario reconstruir muchas cosas. Los errores que ha cometido España y las ingenuidades que hemos cometido desde el catalanismo político estos últimos años, requerirán un gran esfuerzo de constricción, de intentar buscar la paz desde un punto de vista cívico y democrático y rebajar las expectativas. Desgraciadamente, mientras no dispongamos de una gran mayoría social, conseguir la independencia con un 47,5% no es posible. Y menos con el actual entorno europeo, que nos juega en contra, y una política española que nunca se ha basado en la cultura del pacto.

“España, por su parte, en vez de una revolución modernizadora vivirá la Contrarreforma y la Inquisición y, finalmente, se convertirá en un estado que todavía se manifiesta hoy en día de baja calidad democrática.” 

“La prioridad tiene que ser la de recuperar a nuestros políticos encarcelados o en el exilio, intentando establecer una cierta estabilidad política e institucional que hoy no tenemos. Y después, replantear todas las piezas del tablero, pues será necesario reconstruir muchas cosas.”

Por lo tanto, tenemos que llegar al 80% que quiera el derecho a la autodeterminación…

FP: No todo tiene que ser igual. Es evidente que no podemos volver al estado autonomista y que España deberá reconocer que hemos dado un paso adelante desde distintas perspectivas. Por otro lado, ya teníamos claro en los años 80 que teníamos que ir preparando el derecho a la autodeterminación para poderlo ejercer en el momento oportuno. Creo que lo que nos ha fallado es este análisis de oportunidad. Repito que la lección canadiense o la escocesa, mucho más reciente, es que los referéndums hay que plantearlos en el momento en que puedas ganar de calle, porque para empatar, perder de cinco, o de medio punto como lo hicieron los canadienses… Fijaos en que hoy el Quebec tiene muy lejos una mayoría social o política de los nacionalistas o independentistas. Son propósitos que o los ganas o retrocedes. Ahora tiene que emerger un liderazgo muy potente para explicar a una parte del país que hemos retrocedido en lugar de avanzar, y que, por lo tanto, es necesario poner un punto de apoyo para volver a reestructurar un proyecto que avance y no continúe basado en la crispación y la confrontación que no nos llevan a ningún lado. Y este liderazgo todavía no lo veo.

“Ahora tiene que emerger un liderazgo muy potente para explicar a una parte del país que hemos retrocedido en lugar de avanzar, y que, por lo tanto, es necesario poner un punto de apoyo para volver a reestructurar un proyecto que avance y no continúe basado en la crispación y la confrontación que no nos llevan a ningún lado. Y este liderazgo todavía no lo veo.”

Por lo tanto ¿faltan líderes de referencia?

FP: Creo que uno de los problemas que tienen tanto Europa, como España, y también Cataluña, es que los liderazgos están debilitados. Creo que lo están, incluso, en el mundo occidental. Si un líder, desde un punto de vista ético y moral de la primera potencia que son los EE. UU., está basado en el señor Trump, nos damos cuenta de que alguna cosa está sucediendo en las democracias representativas. Merkel se va. Personajes de uno y otro lado, como Thatcher o Blair; Köhl o Smith; Miterrand o Sarkozy; Aznar, González o Pujol… no se ven en el futuro. Por lo tanto, deberíamos intentar ayudar a los dirigentes actuales para que construyan nuevos liderazgos. Es evidente que no serán fáciles de construir, pues las cosas evolucionan mucho más deprisa que hace 10, 15 o 20 años. Los medios de comunicación tienen un papel diferente, las nuevas tecnologías están llevando a sentar cátedra donde no hay ni profesores ni numerarios… todo ha cambiado mucho y ya veremos como lo podemos gestionar.

¿La política del disparate está premiada?

FP: Mi teoría es un poco sorprendente. No hablaré de los políticos actuales. Hay opinadores que creen que esto es coyuntural. Mi humilde opinión, más de ingeniero que de filósofo, más de gestión que de reflexión, es que estamos viviendo la normalidad de las sociedades democráticas, no solo en España sino también en Europa. Las sociedades occidentales, las democracias representativas ¿están en crisis? No, creo que están en un escenario de mediocridad, que es la normalidad. ¿De dónde salen los grandes valores europeos? Después de una gran guerra, de una gran derrota. ¿De dónde sale la transición democrática y un poco de voluntad de pacto en la España de siempre? Después de la finalización de una dictadura franquista. ¿De donde sale un Pujol que se sitúa en el centro después de una transición democrática y mucha polarización? Después de momentos trascendentales, normalmente de crisis muy fuertes, aparecen escenarios de excepcionalidad. Cuando éstos, por diferentes motivos, se agotan, volvemos a la normalidad que es la crispación, la confrontación y los populismos. Desde la Europa del norte, de extrema derecha, a la del sud, de extrema izquierda, reina la demagogia, la confrontación y la crispación. Desgraciadamente, analizando la historia, creo que esta es la situación normal y no la excepcional de grandes liderazgos, de grandes estabilidades que acostumbran a situarse en un centro moderado, de derechas o de izquierdas, y que los grandes líderes europeos han protagonizado en los últimos años. Pero hoy tampoco Europa tienen grandes liderazgos. La situación de Italia, del Brexit inglés, da le salida de Merkel… y en España, la derecha está representada por Ciudadanos, por Vox y por un Partido Popular que no acaba de encontrar un planteamiento de centro derecha razonable; de una izquierda débil y de una extrema izquierda radical muy populista como la de Podemos. He llegado a la conclusión de que la normalidad es esto y que lo que nos pasa es que nos cuesta asumirla. Por lo tanto, significa que debemos llegar a un nuevo punto de catarsis, que me gustaría que fuera democrática. Las catarsis anteriores, en las cuales nos hemos basado para construir escenarios de estabilidad en distintas épocas, han sido violentas. Me gustaría pensar que la catarsis que nos viene es social, democrática, de calidad y reflexión. Pero hoy en día la plaza central está vacía. Todo el mundo en el sol o la sombra. Está en el extremo derecho o en el izquierdo. No existe un espacio central moderado. Y no creo que este espacio lo puedan representar algunos de los sectores que todavía hoy, después de haber provocado la crisis de hace un año, intenten ser los que apuestan por el diálogo y por la moderación para ensanchar la base del independentismo. No doy nombres, pero creo que quien lo lea ya va a entender de quien estoy hablando.

“No existe un espacio central moderado. Y no creo que este espacio lo puedan representar algunos de los sectores que todavía hoy, después de haber provocado la crisis de hace un año, intenten ser los que apuestan por el diálogo y por la moderación para ensanchar la base del independentismo.”

Hace un tiempo en unas declaraciones en Els Matins, de TV3, Artur Mas vino a decir que los independentistas nos debíamos preguntar si no aprobar los presupuestos a los socialistas podía derivar en una situación peor. ¿Lo comparte?

Comparto su tesis, pero con una hipótesis distinta. La suya consistía en preguntarse cómo conseguiríamos un escenario menos malo. Es evidente que la respuesta es con un gobierno de Pedro Sánchez y el PSOE, no con uno de Pablo Casado y el PP. Mi hipótesis es otra. ¿Cómo conseguiremos progresar más, independientemente de con quien? Con la voluntad de separar la prioridad de que salgan los presos y que vuelvan los exiliados ¿lo conseguiremos sin que esto se mezcle con la estrategia y la práctica política, o mezclándolo todo? Si la lógica de la política pasa por la prisión y el exilio no encontraremos soluciones a corto plazo, y creo que fue un error no aprobar unos presupuestos que el país necesitaba, a pesar de los interlocutores, unos u otros, serán también los protagonistas de la represión que estamos sufriendo. Pactando recursos y rebajando el tono de la crispación, no alimentándola, llegaremos antes a escenarios en los que será más fácil recuperar a nuestros presos y exiliados. Es mi opinión. Seguramente, si estuviera al exilio o en la cárcel, querría que la gente de acordara de mi, y solo lo podría hacer gritando sobre los muros o reclamando más allá de la frontera. Pero analizándolo con perspectiva a medio plazo, creo que se pueden conseguir más cosas intercambiando cartas con los políticos que hoy están liderando un estado represor como es el español, que no manteniendo o aumentando la crispación. El Estado español pondrá sobre la mesa todas sus cartas de represión con la fiscalía, la policía… todo. Incluso con la crispación que se vice en las calles de fuera de Cataluña, no nosotros nos mantenemos en una posición de confrontación. Si ellos quieren aprobar unos presupuestos del Estado, nosotros queremos aprobar los de Cataluña. Si queremos más dineros para evitar que sigan habiendo muertos en Rodalies igual lo conseguiremos… ¿Significa esto que hemos olvidado los presos y exiliados? No, quizás al revés. Si somos capaces de pactar, indirectamente estaremos lanzando un mensaje de que algunas estructuras del Estado, desde el punto de vista de su reflexión y en la intimidad, quizás están rebajando su nivel de agresividad. Si, por el contrario, mantenemos el tono de dureza y de conflicto, el discurso de unilateralidad y desobediencia, más bien propiciaremos la perpetración de las situaciones de prisión y exilio. Es mi humilde opinión.

“Pactando recursos y rebajando el tono de la crispación, no alimentándola, llegaremos antes a escenarios en los que será más fácil recuperar a nuestros presos y exiliados.”

La Europa de las regiones ¿es un club de estados?

FP: Es una falacia. Cataluña no pudo llegar en los siglos XVIII-XIX y ahora será muy difícil. Yo preferiría ser un país con más poder político, con más financiamiento.

¿Se puede extrapolar el modelo suizo a España?

FP: El modelo suizo no se puede extrapolar a España. Es imposible. A Cataluña sí. Nosotros también tenemos algunas comarcas con personalidad política propia, quizás no cuarenta-cinco, pero sí realidades como la Vall d’Aran, que es muy pequeña, pero tiene su personalidad, no sólo lingüística y cultural, sino también administrativa. Creo que Cataluña podría avanzar hacia una estructura menos centralista, de acuerdos pluriculturales y pluriterritoriales. Toda esta fragmentación ya no tiene posibilidades de sostenibilidad financiera. El problema es que, en España, a pesar de que el PSOE y otros partidos habían defendido el modelo federal, la realidad es que ni lo han practicado ni se lo han creído nunca. El PSOE fue también protagonista de la LOAPA con Alianza Popular en los años 80, y después nunca ha hecho ningún esfuerzo ni para “aprobar el Estatut que salga del Parlamento”.

“El problema es que, en España, a pesar de que el PSOE y otros partidos habían defendido el modelo federal, la realidad es que ni lo han practicado ni se lo han creído nunca.”

¿Se tiene que ensanchar la base del independentismo, entonces?

FP: Es más fácil que ensanchen la base aquellos partidos que hoy no son independentistas que no fortalecer el discurso en esos sectores que ya lo son. Tenemos que ir a crecer y pescar en Horta, en Tarragona, en Sant Pere y Sant Pau, en Sant Josep Obrer, en Fontajau, en Germans Sàbat… es donde tiene que crecer el catalanismo y la convicción de que, democrática y políticamente, este país puede tener más instrumentos y más recursos. Por ejemplo, creo que Comín hubiera hecho más buen favor si siguiera trabajando como otros socialistas dentro del PSC para ensanchar esta base.

“Por ejemplo, creo que Comín hubiera hecho más buen favor si siguiera trabajando como otros socialistas dentro del PSC para ensanchar esta base.”

Como se suele decir ¿el papel de conseller de interior es el más difícil del gobierno?

FP: Es difícil en determinados momentos, cuando se dan problemas de orden público. La gestión de las emergencias siempre es delicada: inundaciones, incendios, nevadas… pero cuando hay problemas de orden público mucho más. Creo que nosotros tenemos pequeños estigmas en nuestro ADN colectivo, debido a nuestra historia y a nuestra cultura, porque somos una de las democracias más antiguas de Europa y, al mismo tiempo, no hemos conseguido tener estructuras de estado propias, como un ejército o una policía propia. Somos radicalmente democráticos, pero, al mismo tiempo, cuando la policía actúa para defender el interés general no nos gusta que saque la porra. Hay muchos países en los que las cuestiones de orden público, provocadas a veces por sectores muy pequeños y muy radicales, hay que abordarlas. No diré que sin complejidad, sino con estricto cumplimiento de la ley. Debemos recordar que el estado, es determinados momentos, para salvaguardar el interés general y la seguridad y la libertad de. Los ciudadanos, tiene que utilizar, sin quererlo ni disfrutarlo, mecanismos de fuerza legítima para intentar parar a los violentos o los radicales que pretenden destruir el sistema de convivencia. A diferencia de otras democracias, donde se acepta que la policía vaya con perros, a caballo, con gases lacrimógenos o tanques de agua, en Cataluña, cuando alguien levanta la porra más de la cuenta nos produce generalmente una cierta prevención. Sabemos que la policía, en otras sociedades democráticas, tiene que defender el interés global. Por eso, un conseller d’Interior en Cataluña tiene esta debilidad, que es social, y después tiene otra estructural, que es difícil tanto para el conseller como para la policía. En otros países democráticos, la policía trabaja en el mismo bando que la justicia, la fiscalía, y otras estructuras de estado. En Cataluña, en cambio, sucede más bien lo contrario. En lugar de tener a los fiscales, a los jueces, e incluso, a los medios de comunicación, razonablemente críticos, pero a favor, en Cataluña les tenemos en contra. Y esto lo complica todo todavía un poco más.

 “Somos radicalmente democráticos, pero, al mismo tiempo, cuando la policía actúa para defender el interés general no nos gusta que saque la porra.”

“En lugar de tener a los fiscales, a los jueces, e incluso, a los medios de comunicación, razonablemente críticos, pero a favor, en Cataluña les tenemos en contra.”

¿Le pareció proporcionada la actuación policial en la contramanifestación que hubo entre JUSAPOL y los CDR?

FP: Soy un conseller que tubo que expedientar a algunos policías por no hacer bien su trabajo, incluso expulsarles del cuerpo. Por lo tanto, cuando las cosas no se pueden hacer bien alguien tienen que asumir y ejecutar responsabilidades políticas. Dicho esto, soy de los que defiendo que tenemos un cuerpo de policía que tiende a superar la línea media de calidad de las policías europeas, y quiero creer que en estas manifestaciones se actuó más que correctamente. Las imágenes de televisión siempre son duras y frías. ¿Quizás se hubiera podido evitar cambiando el itinerario de alguna de estas manifestaciones? Recuerdo que, en alguna ocasión, como conseller d’Interior habíamos dejado de autorizar alguna manifestación por su casuística. Entonces un juez venía o no corregir al poder ejecutivo. Esto entra en el Estado de Derecho. Quizás se hubiera tenido que dar que determinadas manifestaciones provocadoras se produjeran en Montjuïc, o en la Zona Franca. Si no, que lo hubiera dicho un juez.

“Soy de los que defiendo que tenemos un cuerpo de policía que tiende a superar la línea media de calidad de las policías europeas, y quiero creer que en estas manifestaciones se actuó más que correctamente.”